voto rural

La comprensión de la interculturalidad en nuestro país, un tema tan urgente y necesario en contextos electorales – Gabriel Gómez

La comprensión de la interculturalidad en nuestro país, un tema tan urgente y necesario en contextos electorales

Gabriel Gómez Tineo

Antropólogo y educador

voto rural

En un entorno donde las diferencias sociales se profundizan y se señalan negativamente, resulta indispensable entender la interculturalidad como un pilar para la ciudadanía y la coexistencia armónica. La lucha por el poder político en sociedades multiculturales suele volverse hostil, haciendo visibles prejuicios, taras y temores arraigados. Ante este panorama, es imperativo cuestionar si el modelo educativo actual ha sido capaz de formar ciudadanos preparados para una convivencia basada en el respeto y la tolerancia. Esto se hace evidente en las dinámicas electorales, las cuales se ven empañadas por la violencia y la intolerancia, demostrando que los sesgos de la época colonial siguen vigentes. Dichos sesgos actúan como herramientas de discriminación y exclusión hacia las minorías étnicas que intentan ejercer sus derechos políticos mediante el voto y la libre opinión en busca de su desarrollo. Finalmente, el rechazo rotundo por parte de ciertos sectores invalida por completo la existencia de los demás, estigmatizándolos y justificando prácticas de descalificación como el “terruqueo”.

Una realidad tan necesaria que demanda replantear las miradas

La presencia de 48 idiomas nativos en el territorio peruano es una prueba contundente de la profunda multiculturalidad y diversidad que caracteriza al país. Cada una de estas lenguas representa una manera única de concebir la realidad y de proyectar el progreso. A pesar de cinco siglos de un proceso histórico marcado por la colonización y el intento de erradicación cultural, estas expresiones no pudieron ser eliminadas por completo. En la actualidad, frente al impacto acelerado y avasallador de la globalización, estos idiomas continúan resistiendo de manera adversa, buscando su supervivencia a través de la adaptación y la reconfiguración constante de sus identidades.

El concepto de hegemonía cultural propuesto por el pensador italiano Antonio Gramsci cobra gran relevancia en el actual panorama electoral, el cual está marcado por constantes disputas culturales donde el rechazo y el vacío de normas operan como mecanismos de ocultamiento frente a una cultura dominante. A partir de la colonización española, se instauró la creencia de que lo adecuado es alinearse con una noción de superioridad, validando los comportamientos urbanos como la forma de sufragar bajo los calificativos de “racionales o morales”. De este modo, los pensamientos y las cosmovisiones atraviesan un proceso de occidentalización o “blanqueamiento», bajo la premisa de que el voto de los habitantes de las urbes posee mayor valor o representa la única elección verdaderamente responsable.

El modelo educativo estatal reconoce esta problemática; sin embargo, hasta el momento no ha logrado estructurar una alternativa apropiada y coherente. Aunque formalmente se promueve una estrategia de Educación Intercultural Bilingüe (EIB) en los sectores rurales de diversos departamentos, los testimonios de los propios profesores y de las familias revelan fallas estructurales. Específicamente, se señala que muchos educadores no asimilan el verdadero alcance de la interculturalidad, limitándose a asumir que este enfoque consiste únicamente en dominar la lengua originaria, restándole importancia a la complejidad del concepto de cultura. Mientras persista el sesgo de que las tradiciones del prójimo carecen de validez o son de menor categoría, cualquier esfuerzo pedagógico por instruir en valores civiles fracasará. Por lo tanto, asimilar la cultura en su totalidad resulta indispensable para consolidar una ciudadanía democrática, empática y respetuosa.

Cuando un Estado restringe los derechos civiles, las oportunidades de crecimiento y las condiciones básicas de desarrollo a un grupo étnico minoritario, evidencia fracturas profundas en su estructura social. El gran desafío nacional radica en dar soluciones a estas exigencias tan auténticas y severas, las cuales ya deterioran gravemente la armonía social. La realidad actual demuestra un estancamiento, pues persisten complejos arraigados del pasado que nos vinculan con la antigua época de los hacendados y gamonales, un orden social donde se justificaban y naturalizaban las desigualdades y las relaciones de subordinación.

Una visión de la interculturalidad desde la pedagogía para la sociedad

La capacitación de educadores con capacidades interculturales constituye todavía una tarea pendiente en la nación. Aquellas regiones que han comenzado a aplicar planes de estudio bajo un enfoque bilingüe intercultural se encuentran apenas en una etapa inicial de asimilación de este concepto como un proyecto pedagógico y ético orientado al progreso. Esta instrucción especializada exige un ejercicio de introspección para evaluar nuestra propia identidad, reconocer a quienes nos rodean y analizar las dinámicas de interacción social, así como determinar si pertenecemos a un sector con privilegios o a un grupo minoritario. El autoaprendizaje y el reconocimiento del entorno son indispensables para fundamentar una labor docente intercultural; solo así se evitará caer en sesgos, prejuicios y valoraciones unilaterales basadas en una perspectiva individual, logrando una verdadera empatía hacia los demás.

La pedagogía intercultural tendría que consolidarse como una norma fundamental en la estructuración de habilidades y saberes. Esto permitiría optimizar el diseño de un plan de estudios coherente y conectado con la realidad, cuyo propósito central sea garantizar de forma sostenible la instrucción de ciudadanos con principios morales, desvinculados de los sesgos y estigmas que desencadenan múltiples tipos de marginación. Un esquema didáctico con enfoque intercultural ofrece las bases para avalar una enseñanza auténtica y adaptada, reforzando las aptitudes de los educadores encargados de la formación. A modo de ilustración, un profesor que se desprende de prejuicios respecto a la diversidad y que fomenta el valor de la tolerancia asegura un proceso de aprendizaje superior; en medio de un entorno social debilitado por el racismo, dicho maestro actúa como una barrera que detiene la validación y normalización de la exclusión.

En una sociedad con las características de la nuestra, existe la tendencia arraigada de considerar a los demás como inherentemente inferiores, una percepción que se ve reforzada cuando las propias instituciones respaldan dichas conductas. A modo de ejemplo, ciertos sectores religiosos asumen de forma paternalista que los pueblos originarios son sujetos que únicamente deben ser evangelizados; del mismo modo, en el ámbito de los medios de comunicación masiva, abundan espacios televisivos con tintes racistas dedicados a mofarse de aquellos individuos que poseen rasgos físicos o fenotipos distintos. Esta problemática se hace plenamente visible a través de los juicios emitidos por reporteros de televisión, conductores y creadores de contenido de gran alcance en las plataformas digitales.

Las expresiones cómicas y el humor constituyen otra de las vías que camuflan dinámicas de racismo y exclusión sumamente severas dentro de la comunidad. Hacer frente a este panorama resulta sumamente complejo, debido a que estas burlas se encuentran totalmente normalizadas y arraigadas como conductas dominantes en el entorno social. En este escenario, los educadores emergen como los principales defensores y agentes de cambio capaces de reestructurar estos prejuicios, asumiendo un compromiso ético de gran envergadura. Por consiguiente, el verdadero desafío de la enseñanza con enfoque intercultural radica en garantizar que el profesorado adquiera las aptitudes, el perfil idóneo y los recursos pedagógicos necesarios para transformar esta realidad desde las aulas.

Adoptar la perspectiva intercultural debe constituir una obligación para el conjunto de la ciudadanía, de manera independiente a la labor profesional que cada individuo ejerza. Si la población cuenta con la posibilidad de recibir una instrucción basada en el enfoque intercultural bilingüe, se logrará que las particularidades culturales de cada grupo sean asimiladas con un alto sentido del compromiso ético y plenamente desvinculadas de cualquier sesgo o prejuicio social.

Actualmente, las problemáticas del racismo y la discriminación no se abordan con la confrontación directa necesaria, lo que demuestra un estancamiento social o que todavía queda un largo camino por recorrer. El reflejo más claro de que el Perú arrastra profundas divisiones culturales y sociales se observa en las contiendas por el poder político; en este escenario, ciertos sectores pretenden subordinar y anular al contrincante, mientras que los grupos afectados resisten, combaten y exigen el pleno respeto a sus derechos ciudadanos. Frente a la clásica interrogante planteada por intelectuales y pensadores nacionales sobre en qué punto se truncó el rumbo del país, la cruda realidad demuestra que la nación continúa sumergida en esa misma crisis.